Muchas personas piensan que si el frigorífico funciona correctamente los alimentos deberían conservarse igual durante todo el año. Sin embargo, cuando llegan las altas temperaturas es frecuente encontrar frutas que maduran demasiado rápido, verduras que pierden frescura en pocos días o productos lácteos que duran menos de lo habitual.
La explicación no siempre está en una avería de la nevera. En muchos casos son los hábitos cotidianos los que cambian durante el verano y aceleran el deterioro de los alimentos incluso antes de que lleguen al frigorífico.
Comprender qué ocurre permite reducir el desperdicio alimentario y ahorrar dinero durante los meses más calurosos.
El calor empieza a actuar mucho antes de llegar a casa
Uno de los errores más frecuentes se produce durante la compra.
En verano, dejar alimentos frescos dentro del coche mientras se realizan otros recados puede exponerlos a temperaturas muy elevadas. Aunque después se introduzcan en la nevera, parte del deterioro ya se ha iniciado.
Productos como carne, pescado, lácteos o platos preparados son especialmente sensibles a estos cambios de temperatura.
La cadena de frío es más importante de lo que parece
Los especialistas en seguridad alimentaria insisten en la importancia de mantener la cadena de frío desde el supermercado hasta el hogar.
Por eso resulta recomendable dejar para el final de la compra los productos refrigerados y congelados. También puede ser útil utilizar bolsas isotérmicas cuando las temperaturas exteriores son muy elevadas.
Cuanto menos tiempo pasen los alimentos expuestos al calor, mejor se conservarán posteriormente.
Abrir la nevera constantemente también influye
Durante el verano solemos abrir más veces el frigorífico para coger agua, refrescos, fruta o ingredientes para comidas frías.
Cada apertura permite la entrada de aire caliente, obligando al aparato a trabajar más para recuperar la temperatura adecuada.
Si las aperturas son muy frecuentes o prolongadas, la temperatura interior puede fluctuar más de lo recomendable.
No todos los estantes enfrían igual
Muchas personas colocan los alimentos sin tener en cuenta las diferencias de temperatura dentro del frigorífico.
Las zonas inferiores suelen ser más frías y resultan adecuadas para carne y pescado. Las partes superiores suelen mantener temperaturas algo más estables para productos cocinados o lácteos.
Organizar correctamente los alimentos ayuda a prolongar su vida útil.
El exceso de carga también puede ser un problema
Cuando la nevera está completamente llena, el aire frío circula peor entre los alimentos.
Esto provoca que algunas zonas mantengan temperaturas menos homogéneas y determinados productos se deterioren antes de tiempo.
Por el contrario, una distribución ordenada favorece una refrigeración más eficiente.
Las frutas y verduras necesitan cuidados diferentes
No todos los productos vegetales deben almacenarse del mismo modo.
Algunas frutas producen etileno, un gas natural que acelera la maduración de otros alimentos cercanos. Plátanos, manzanas o melocotones son ejemplos habituales.
Separar determinados productos puede ayudar a conservar durante más tiempo verduras de hoja, fresas o tomates.
La temperatura ideal del frigorífico
Muchos frigoríficos funcionan correctamente pero están ajustados a temperaturas poco adecuadas para el verano.
Generalmente se recomienda mantener la nevera alrededor de los 4 grados centígrados y el congelador en torno a los -18 grados.
Un pequeño termómetro interior puede ayudar a comprobar si realmente se mantienen esos valores.
Cómo reducir el desperdicio de alimentos en verano
Además de conservar correctamente los productos, conviene planificar mejor las compras.
Adquirir cantidades razonables y consumir primero los alimentos más perecederos reduce notablemente las pérdidas.
También resulta útil revisar regularmente el contenido de la nevera para detectar productos próximos a su fecha de consumo preferente.
Un frigorífico correcto no siempre es suficiente
Cuando los alimentos se estropean antes en verano no significa necesariamente que la nevera esté averiada. En muchas ocasiones intervienen factores como el transporte, la organización interior, las aperturas frecuentes o las altas temperaturas exteriores.
Aplicando pequeñas mejoras en los hábitos diarios es posible prolongar la conservación de muchos alimentos y evitar desperdicios innecesarios durante los meses más calurosos del año.
FOTOGRAFÍA: Magnific
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