Los cristales del salón son una de las zonas más visibles de la casa, y un acabado limpio hace que toda la estancia se vea más luminosa. El problema es que muchas veces, al secar, aparecen marcas o halos molestos que estropean el trabajo. Aquí tienes los pasos para que queden impecables y duren limpios más tiempo.
Elige el momento adecuado
La luz y la temperatura influyen:
- Evita limpiar en horas de sol directo: el calor seca demasiado rápido el producto y deja marcas.
- Elige un día nublado o con la ventana a la sombra.
- Si hace mucho viento, el polvo en suspensión puede volver a manchar.
Prepara la solución de limpieza
Tienes varias opciones, todas eficaces:
- Mezcla casera: 1 parte de vinagre blanco + 3 partes de agua templada.
- Producto específico para cristales: elige uno sin amoniaco para evitar olores fuertes.
- Añadir unas gotas de lavavajillas si hay grasa (por ejemplo, en ventanas cercanas a la cocina).
Consejo: usa un pulverizador para repartir mejor el producto.
Herramientas clave para un acabado perfecto
- Paños de microfibra: no sueltan pelusa y dejan el cristal pulido.
- Racleta de goma: ideal para retirar el agua de forma uniforme.
- Papel de periódico: el truco tradicional que sigue funcionando.
Técnica paso a paso
- Pulveriza la solución sobre el cristal.
- Pasa el paño o la racleta de arriba hacia abajo, sin apretar demasiado.
- Si usas racleta, limpia la goma entre pasada y pasada.
- Repite por el otro lado del cristal para un acabado uniforme.
- Seca el marco con un paño seco para evitar marcas de agua.
Trucos extra para cristales muy sucios
- Si hay restos de cal, frota suavemente con una mezcla de vinagre y bicarbonato.
- Para restos de pintura o pegatinas, utiliza una rasqueta de vidrio con mucho cuidado.
- Si la suciedad es extrema, limpia primero con agua y jabón neutro, y luego aplica el producto final.

