Las cortinas cumplen una función decorativa y práctica: regulan la entrada de luz, dan intimidad y aportan calidez al salón. Sin embargo, acumulan polvo, ácaros y olores que pueden afectar a la salud y al ambiente de la casa. Por eso es fundamental limpiarlas al menos una o dos veces al año, adaptando el proceso al tejido.
En el caso de las cortinas de algodón o lino, lo recomendable es lavarlas en la lavadora con un programa delicado, agua fría y detergente neutro. Déjalas secar al aire y plánchalas con vapor para recuperar su forma original.
Las de poliéster son más resistentes y fáciles de mantener. Puedes lavarlas también en lavadora, preferiblemente en frío, y colgarlas aún húmedas para evitar arrugas.
El terciopelo es un material más delicado: lo mejor es aspirarlo con un accesorio suave para eliminar el polvo superficial. En caso de manchas, lo adecuado es recurrir a una tintorería que ofrezca limpieza en seco.
Por su parte, los estores enrollables y las cortinas técnicas pueden limpiarse con un paño húmedo y unas gotas de jabón neutro. Es importante no empaparlos para evitar que se deformen.
👉 Consejo extra: ventila el salón a diario y aspira el polvo de los tejidos una vez por semana para alargar el tiempo entre lavados. Además, evita fumar en estancias con cortinas, ya que el humo impregna los tejidos con olores difíciles de eliminar.
Un buen mantenimiento no solo prolonga la vida de las cortinas, también contribuye a un ambiente más saludable en el hogar.

